viernes, 4 de noviembre de 2016

1. Nuestra inclinación por los jardines

Nuestra inclinación por los jardines

¿BUSCA usted la calma de un hermoso jardín cuando desea huir del ruido y el ritmo de vida ajetreado? 
¿Son los parques tranquilos, con su césped, flores, árboles umbrosos y estanques, el entorno que prefiere para una comida campestre con la familia o para dar un paseo con algún amigo? 

Qué efecto tan relajante, reconfortante, sosegador y hasta terapéutico tienen los jardines, ¿no es cierto?



Aunque hay quienes no desean ocuparse de un jardín, quizás por falta de tiempo, a todos nos encantan sus colores, aromas, sonidos y frutos. Por ejemplo, a Thomas Jefferson —arquitecto, científico, abogado, inventor y presidente de Estados Unidos— le gustaban mucho los jardines. Él escribió: “Ninguna ocupación me resulta tan agradable como el cultivo de la tierra. [...] Sigo dedicándome al jardín. Y aunque como hombre soy viejo, como jardinero todavía soy joven”.
Muchas personas comparten ese parecer. 

Millones de visitantes afluyen todos los años a los jardines famosos del mundo: los de Kew (los Jardines Botánicos Reales), en Inglaterra; los de Kyoto, en Japón; los del Palacio de Versalles, en Francia, y los de Longwood, en Pensilvania (E.U.A.), por mencionar algunos. 

En muchos países también hay zonas urbanas donde las casas, enclavadas a lo largo de avenidas arboladas, están rodeadas de arbustos, árboles y flores multicolores: como un pequeño paraíso.



Jardines Botánicos Reales de Kew, en Inglaterra 

Jardines de Kyoto, en Japón



Jardines del Palacio de Versalles, Francia 



  Jardines de Longwood, en Pensilvania 



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Sergio Raimundo

Paisajista Profesional

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